La reciente confrontación entre el PSG y el Real Madrid en el Mundial de Clubes se erigió como una clara demostración de superioridad táctica y colectiva por parte del conjunto parisino. El equipo de Luis Enrique, con un Ousmane Dembélé redescubierto en su rol defensivo y ofensivo, sometió a un Real Madrid que evidenció fallos en su planteamiento y ejecución. Este encuentro no solo dejó un resultado abultado, sino también una profunda reflexión sobre las debilidades del equipo blanco frente a un rival en pleno apogeo.
El PSG desplegó una estrategia de presión asfixiante y una notable coordinación en la recuperación del balón, que dejó al Real Madrid sin respuestas. Los datos del partido, como el dominio abrumador en duelos ganados y la alta precisión en los pases del PSG, ilustran la eficacia de su sistema. En contraste, el Real Madrid mostró una alarmante falta de cohesión entre sus líneas, permitiendo al equipo francés explotar los espacios y dictar el ritmo del juego a su antojo. La derrota no solo fue un revés en el marcador, sino una lección sobre la importancia de la solidez defensiva y la inteligencia táctica en el fútbol de élite.
El reciente enfrentamiento en el Mundial de Clubes evidenció la brillantez táctica del PSG, que logró desarticular al Real Madrid con una estrategia de presión alta y una notable capacidad de recuperación de balón. Luis Enrique ha logrado transformar a Dembélé en una pieza fundamental, no solo por su talento ofensivo, sino por su inesperado y eficaz compromiso defensivo. Esta nueva faceta del jugador fue crucial para ahogar las salidas del Madrid y generar constantes oportunidades. La superioridad del PSG se reflejó en estadísticas impresionantes, como un control abrumador de la posesión y una alta efectividad en los pases, lo que les permitió dominar completamente el flujo del juego.
La maestría del PSG se manifestó en su asombrosa coordinación al recuperar el balón y en la ejecución de su plan de juego. Dembélé, actuando como un 'falso 9', lideró la primera línea defensiva, frustrando cada intento del Real Madrid por construir desde atrás. Esta transformación táctica de Dembélé, impensable hace apenas unos meses, lo ha convertido en un pilar bidireccional del equipo. Las cifras hablan por sí solas: el PSG ganó la mayoría de los duelos y mostró una precisión casi perfecta en sus pases. Este dominio absoluto no solo fue resultado de individualidades destacadas, sino de un esquema colectivo perfectamente orquestado, que permitió a jugadores como Vitinha, Joao Neves y Fabián Ruiz operar con total libertad y efectividad en el centro del campo, aprovechando los espacios dejados por un Real Madrid desorganizado.
El Real Madrid, por su parte, mostró una preocupante falta de cohesión y repitió errores que ya había exhibido en el pasado. La decisión de Xabi Alonso de alinear una línea de tres delanteros que no supo presionar adecuadamente dejó amplios espacios entre las líneas, facilitando la labor del mediocampo parisino. Los fallos defensivos de jugadores clave como Raúl Asencio y Antonio Rüdiger fueron explotados sin piedad por el PSG, que no necesitó de su figura central, William Pacho, para desbordar. Esta desorganización permitió al equipo francés generar ocasiones de gol con alarmante facilidad, evidenciando una desconexión total en el conjunto blanco.
El plan de juego del Real Madrid se desmoronó rápidamente ante la intensidad del PSG. A diferencia de encuentros anteriores donde el equipo mantenía un bloque compacto, en esta ocasión el Madrid se mostró fragmentado, con grandes distancias entre sus defensores y centrocampistas. Esto otorgó una libertad excesiva a los talentosos mediocampistas del PSG, quienes sin esfuerzo atravesaban la medular. La inoperancia de los laterales del Madrid frente a la ofensiva de Hakimi y Mendes exacerbó aún más sus problemas defensivos. La derrota, con dos goles encajados en los primeros nueve minutos, no solo refleja un resultado adverso, sino una preocupante reaparición de vicios antiguos que dejan al Real Madrid en una posición vulnerable y en la necesidad de una profunda revisión táctica y estratégica para futuras competiciones.
En un acto significativo en conmemoración del vigésimo octavo aniversario del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, Alberto Núñez Feijóo, al frente del Partido Popular, reafirmó su compromiso inquebrantable con la dignidad de las víctimas del terrorismo y se desmarcó rotundamente de cualquier acercamiento a EH Bildu. El líder popular fue categórico al declarar que nunca se sentará a dialogar con quienes respaldan la violencia que ha arrebatado vidas inocentes en España. Durante este emotivo evento, Feijóo anunció dos medidas clave que implementaría si llegara al poder: la persecución de cualquier acto que rinda tributo a etarras, asegurando que no habrá impunidad, y la integración obligatoria en el currículo escolar de la memoria de las víctimas, para que las futuras generaciones no olviden las movilizaciones ciudadanas que se opusieron a la barbarie terrorista.
Estas propuestas, que ya forman parte del ideario del Partido Popular, cobran especial relevancia en el actual panorama político, buscando establecer una clara distinción con la estrategia del gobierno de Pedro Sánchez, cuya gobernabilidad, según Feijóo, depende en parte del apoyo de formaciones nacionalistas e independentistas. Feijóo enfatizó que la sociedad española se movilizó en masa contra el terrorismo y que, por tanto, no tolerará que los herederos políticos de organizaciones terroristas asuman roles de influencia en el gobierno central. Para el líder del PP, la figura de Miguel Ángel Blanco trasciende los partidos, erigiéndose como un símbolo nacional de los valores democráticos y de la defensa de la libertad, lo que justifica la centralidad de las víctimas en la agenda política y el rechazo a cualquier tipo de legitimación de la violencia.
En este contexto, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, también presente en el homenaje, criticó con dureza lo que considera una estrategia del gobierno central para consolidar su poder a través de concesiones, señalando incluso un presunto plan de “anexión” de Navarra al País Vasco. Ayuso denunció que se intenta normalizar y legitimar el terrorismo, la extorsión y la manipulación histórica, calificando estas acciones como la “mayor ilegitimidad” en una democracia. Subrayó que los responsables de la violencia, junto con sus herederos, ahora gozan de honores y ejercen influencia, firmando acuerdos y promoviendo leyes que, según ella, buscan asegurar la impunidad de crímenes pasados, distorsionando así la justicia y la memoria colectiva.
La defensa de la memoria y la dignidad de las víctimas del terrorismo es un pilar fundamental en la construcción de una sociedad justa y resiliente. Es imperativo recordar los horrores del pasado para asegurar que no se repitan y para edificar un futuro en el que prevalezcan los valores de paz, libertad y respeto a la vida. La educación juega un papel crucial en este proceso, inculcando en las nuevas generaciones la importancia de la memoria histórica y el rechazo a cualquier forma de violencia y extremismo. Solo así se puede construir una España más fuerte y unida, basada en la verdad, la justicia y el reconocimiento del sufrimiento de quienes defendieron la democracia con su vida.
Existe un lugar en el continente europeo donde la percepción del conflicto en Ucrania difiere marcadamente del resto. En Belgrado, la capital serbia, la presencia de símbolos ucranianos es mínima, y las operaciones de empresas rusas continúan sin mayores impedimentos. Para una parte de la población serbia, la integración en la Unión Europea se percibe como una meta lejana o un concepto ajeno, mientras que el presidente Aleksandar Vučić navega un terreno inestable y desafiante.
Serbia emerge como uno de los pocos aliados significativos de Rusia en Europa. A pesar de la distancia geográfica y la presencia de naciones de la OTAN entre ellos, la identidad eslava y la fe ortodoxa oriental han forjado una coordinación especial en tiempos de crisis. La relación entre Belgrado y Moscú se caracteriza por un pragmatismo notable. La política exterior serbia busca un equilibrio delicado entre Rusia y las potencias occidentales, una neutralidad que Belgrado considera esencial para proteger sus intereses nacionales, aspirando a mantener buenas relaciones con la UE, Estados Unidos, China y Rusia. Esta ambivalencia llevó a Serbia a declararse neutral en 2007. Es la única capital europea donde se han observado manifestaciones masivas en apoyo a la intervención rusa en Ucrania, aunque también ha habido voces disidentes.
La reticencia de Serbia a imponer sanciones a Rusia la ha convertido en un centro de influencia y evasión de sanciones en los Balcanes. Rusia capitaliza los conflictos existentes para expandir su poder, y el régimen de Vučić ha difundido propaganda pro-rusa, fortaleciendo el apoyo a Moscú entre ciertos sectores de la sociedad serbia. El suministro de gas ruso a precios preferenciales también es una herramienta de presión. Aunque Vučić parece admirar el modelo de Putin hasta cierto punto, adoptando narrativas nacionalistas y antioccidentales, las recientes protestas masivas en Belgrado demuestran que su posición no es inquebrantable. El apoyo occidental, que anteriormente toleraba ciertas deficiencias democráticas en aras de la estabilidad, ahora observa cómo Vučić consolida su control sobre los medios y el sistema judicial.
A pesar de sus aspiraciones de unirse a la Unión Europea, Serbia ha mantenido ejercicios militares conjuntos tanto con Rusia como con la OTAN. Aunque Belgrado ha condenado la agresión rusa contra Ucrania, se ha negado a imponer sanciones, alineándose con las expectativas de Moscú. La cuestión de Kosovo es un factor crucial en esta relación: la negativa de Rusia a reconocer la independencia de Kosovo refuerza los lazos con Serbia, que necesita el veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU para bloquear la entrada de Kosovo en organizaciones internacionales.
La influencia rusa se extiende más allá de la política y la propaganda, abarcando el sector energético. Serbia y la empresa rusa Gazprom mantienen un acuerdo estatal que otorga a esta última una participación mayoritaria en la compañía petrolera y gasística serbia NIS. Esto ha garantizado a Serbia un flujo constante de gas ruso a precios preferenciales, lo que beneficia la estabilidad energética del país y su posición como exportador a naciones vecinas. No obstante, la dependencia del gas ruso podría disminuir, ya que Serbia tiene opciones para importar energía de otras fuentes y su comercio se enfoca principalmente en la UE y China. Las protestas recientes, que han movilizado a decenas de miles de personas, reflejan un descontento generalizado con la \"pirámide feudal\" de poder y el autoritarismo gubernamental.
El conflicto en Ucrania ha expuesto las complejidades de la alianza serbio-rusa, generando fricciones ocasionales. A pesar de la asistencia militar rusa, se ha revelado que Serbia ha suministrado municiones a Ucrania a través de terceros países. Esta situación provocó un comunicado del Servicio de Inteligencia Exterior ruso acusando a Belgrado de \"apuñalar a Rusia por la espalda\". Sin embargo, algunos analistas sugieren que esta acusación podría haber beneficiado a Vučić, al desviar las críticas de sus oponentes que lo tildan de pro-ruso. Las negociaciones sobre un nuevo contrato de gas son clave, con Serbia buscando el \"mejor precio de Europa\" mientras la UE considera prohibir las importaciones de gas ruso para 2027. Belgrado cree que Europa eventualmente necesitará el gas ruso, consolidando la posición estratégica de Serbia como una vía de tránsito crucial para el suministro de gas de Gazprom al mercado europeo.